marquezina

Ultima entrada: SALA DE ESPERA (Ilustración) Fecha de publicacion 30/10/2011

5.9.11

LA SOMBRA


LA SOMBRA



Dicen que hablare con los dioses cuando las Tianquiztli lleguen a lo alto del firmamento. *1

 ¿Importa ya, que  aborrezca a esos dioses ajenos?
Uno de sus sacerdote   insiste que cada acto de mi vida es sagrado.  Por que esos actos, son el  camino que me ha llevado aquí, esta noche. Sagrado es mi nacimiento, sagrado es el momento en que elegí ser soldado. Sagrado es el momento en que mi maza se rompió, permitiendo mi captura. Todos esos instantes, fragmentos de tiempo  son  como cuerdas que se unen para formar una más grande.

 Insiste en decirme que cambiaria su vida por la mía (lo dice en serio). Que la cosa mas insignificante debe nutrir a la más  grande para evitar que todo colapse.

 Yo con gusto también le daría mi lugar.  Que importa que esta vez no se anude el tiempo como cada 52 años. En un nuevo Xiuhmopilli. *2

Otro sacerdote me ha dado a beber octli para serenar mi corazón. El afirma que mi vida no tiene sentido. Que si no fuera yo, otro, cualquier otro, cumpliría el rito.
Y que cada uno de mis actos bien podría borrarse sin alterar mi destino final. Los hombres somos como pasto para los dioses. Indistinguibles. (lo dice en serio).*3

Yo no pedí esta responsabilidad.  Quisiera huir, no de miedo sino ajeno a este momento. Ser como el gusano que se ve ahí, arrastrándose  entre los pliegues de esta gran piramide. 


Miro sus pliegues negros ciñendo  aquel  verde.Avanza tan lento, como las estrellas de las Tianquiztli. Sin prisa ni pausa. Y por un instante  imagino un gusano de colores invertidos. De piel negra y surcos verdes. Como la noche engullendo  a la selva. 


Fué entonces  cuando les oigo ulular abajo en la plaza. Todo un pueblo mirando al cielo.
Celebrando  que  Tianquiztli me mira justo desde arriba. Gritan a su cruento dios, señor del  valle de Anahuac quien regirá hasta el próximo Xiuhmopilli.

Y entonces en medio de sus estupidos gritos… lo escuche.

  Una  indescriptible sensación de sacrilegio me invadió. ¿Qué Dios se anuncio en ese breve momento? ¿Qué misteriosa fuerza me permitió contemplar aquel espejismo? ¿Qué luz? ¿Qué embrujo se conjugó? Cuando al mirar de nuevo a la oruga. Extraviado en  uno de aquellos pliegues negros pude ver aquel pulposo gusano convertirse en una luciérnaga batiendo sus alas. Y con cada aleteo surgían otras tantas luciérnagas. Y en un instante contemple ya no una sino todas las luciérnagas que habrán de vivir en los próximos 52 años.

No se por  cuanto tiempo permanecí inmóvil ante ese breve milagro. Por cuanto tiempo les observe. (Creí que eternamente).  Alejándose de ahí siguiendo  la ruta de la Tianquiztli. Antes de perderse en la noche aquella miríada de insectos formaron el pliegue de un capullo. Proferí un grito de júbilo que los sacerdotes creyeron de miedo. Ajenos a la visión que sólo yo contemple.

-¿Les escuchaste? Me pregunto uno de ellos.
¡Si!- Atine a contestar.
Vino el cuchillo, la tibia mano...
...mire mi corazón aun latiendo a la luz del fuego nuevo. Juro que por un instante, mi corazón proyecto la sombra de  un gusano.

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*1. Tianquiztli. Nombre con el que los mexicas conocían al conjunto de estrellas Pléyades.


*2. Xiuhmopilli. Los mexicas al igual que los mayas contaban con dos calendarios uno civil de 365 días y otro religioso de 260  que  terminan coincidiendo cada 52 años. A ese periodo de coincidencia se le llamaba Xiuhmopilli. Durante esta fecha los mexicas celebraban ceremonias especiales llamadas “Del fuego nuevo”.


*3. Octli.  Pulque. La bebida alcohólica que se obtiene de la  fermentación del maguey.

24.8.11

III. LA CONDENA


III.LA CONDENA


Percibirlo. Palparlo. Incluso vibrar aquel descomunal número de piezas. Cada una de ellas  de un  tamaño indescriptible a la mente humana. Del grosor de un pensamiento no revelado.

Fragmentos bajo sus órdenes agrupándose en permutaciones casi infinitas. Formando átomos, estrellas, universos. ¿Qué pasaría el día que la eternidad agotara las mezclas posibles?  La idea le abrumó e intento conjurarla en la división de piezas más pequeñas. Y aún así no bastarían. Y trabajo hasta saberse capaz de crear más rompecabezas. (Ahora tiene once). Sabe que si bien el número de ubicaciones de todas las piezas  y la combinación de estas tiene fin. El tiempo las consumirá irremediablemente.

Resignado, comenzó a calcular cual sería la permutación perfecta. Y en esa nueva tarea dio con otra pequeña trampa que retrasara lo inevitable. Un día junto tantas piezas como pudo de un rompecabezas y las paso a otro  alterando el número que formaba cada  uno de ellos.

El tiempo tendrá que engullir variantes insospechadas no importa que también terminen.

Pero en este instante es feliz. Diez rompecabezas se han terminado y en el onceavo al colocar la ultima pieza. Por un instante  su nombre radiante aparece.

Después todo empieza a contraerse. Ya vendrá el Big-Bang que disperse las piezas.

II. EL CASTIGO


II. EL CASTIGO


¿Cuantas voces sería  capaz de percibir su mente en un mismo instante? Agolpándose una a otra, al punto de ser indistinguibles. Susurrando plegarias obtusas. Exaltadas de Miedo, amor, esperanza.

Incapaz de ubicarles, de reconocerles entre si. Le buscaban pidiendo ayuda. A él! Atrofiada toda capacidad de empatía, a fuerza de soledad.  ¿Como podría ayudarles?

Acaso la verdadera pregunta, en realidad era: Si pudiese hacerlo ¿Querría auxiliar a las voces?

Tal vez los sonidos en su mente no eran reales. Pero entonces…. ¿Porque le llamaban

por su nombre? (en realidad eran 99 nombres. Los había contado). Intuyo que los nombres eran falsos.  Quizá el  mismo había dado los nombres  a las voces para que no le perturbaran. Dedujo:" Ninguna de las voces me conoce  en realidad. Si supieran mi nombre real entonces y solo entonces me conocerían de verdad."

Sospecho incluso,  que si bien las voces podían existir a fuerza de no callar jamás. Quizá era él, alguien con 99 nombres quien debía ser  irreal. Vislumbró con temor esa extraña probabilidad donde la única ilusión sería él  y no las voces.

Se tranquilizó pensando, que a fuerza de ocultar su nombre, le había olvidado. Si realmente existía ese centésimo nombre inefable ¿Dónde le ocultó?  Al borde de la locura  recuerdos vagos  le anunciaban que había grabado su nombre verdadero en algún lugar accesible para el y si hubiera otros, para esos “otros” que supieran buscar.

I.EL REO


I.EL REO



        “Reo  singular.  Que en   cada  condena de la sentencia  recibe la vindicación de sus sueños y de si.

¿Qué vale ser abandonado o recluido, en medio de la nada, para un alma ajena a la otredad?

¿Qué es una hora, un  día, un año, cadena perpetua para quien contempla el tiempo como una madeja de tiempo? ¿Cuánto dura el castigo, del idiota incapaz de saberse un reo eterno?

Sentenciado a realizar la misma tarea en un ciclo perpetuo. ¿Qué fallo condena, al culpable a ejecutar con frenesí inagotable, la única tarea en la que es un genio?

Si como erróneamente  afirman algunas sectas el reo es culpable. Y   el castigo es penitencia. Quizá la soberbia, quizá la  envidia es lo que se fustiga.

Pero si es un inocente ¿quien esta en la celda?”



                                                                  “De Mystica Hermeticorum”.Roma,1519.p.86.

5.8.11

Bellas Artes

Tiernamente

TIERNAMENTE

  

¿Importan los nombres propios,  cuando la historia (de amor y separación) se ha repetido miles  de veces?

Le amaba, y en una de esas azarosas coincidencias del amor  ella le amaba a él. Y sin embargo ese tipo de amor esta condenado. Porque las grandes pasiones están destinadas a  consumirse pronto. Sin importar su pureza o quizá a causa de ella.

Solo varía el motivo.  Fué dinero y otra cosa. Él debía hacerse cargo del trabajo de su padre. Justo ahora en que el trabajo parecía multiplicarse. Y más manos debían estar listas para atender la demanda de aquel sórdido negocio.

Las mismas manos que ahora, a ella le empezaron a parecer repugnantes, el solo sentirlas sobre su cuerpo la estremecía. Pero ya no como antes, no de maneras que antes le daban gozo. Ahora le daban repulsión e incluso miedo. A veces creía oler en él, aquel fétido olor en  todo su cuerpo y cuando él le tocaba sentía su propio cuerpo impregnándose de la misma esencia.

La discusión no tardo. Él ofreció dejarlo todo, sabiendo que quizá no lo podría hacer y ella se rehúso. Con la certeza de que  él no lo haría.

Fue la última ocasión que hablaron. ¿Qué hicieron  con un sentimiento que lo abarcaba todo, o casi todo?

Con el paso del tiempo el se concentró en su trabajo, pronto el dinero no fue un problema, se imaginaba juntando suficiente para dedicarse a otra cosa y poder regresar con ella. No pocas veces tuvo ensoñaciones donde volvían a estar juntos, donde hacían las cosas que hacían antes, donde regresaban a los lugares que  fueron juntos.

Pero en aquel tipo de trabajo conoces a mucha gente, de todo tipo, la mayoría eran personas de su misma edad.
No pocas veces se sintió incomodó cuando en medio de su trabajo alguna mujer le parecía atractiva, cuando no podía evitar mirar sus senos asomándose entre la blusa. Se sentía incomodo al mirar a través de
 los pliegues de la faldas. Cuando eso sucedía, rápidamente cerraba sus ojos, los abría y se hacia a la idea de que debía concentrarse en su trabajo. A veces eso no le bastaba para vencer la tentación y cuando eso ocurría. Solo tenía que  recordarla. Recordarla a ella y su amor.


Alguna fuerza superior debió compadecerle, a el y su soledad. Y quiso el destino que  ella regresara.
¿Qué Dios misericordioso la había hecho volver?
Lloro  al verla  recostada con su pelo negro lustroso, y sus hermosas facciones. Lloro al mirar de nuevo aquellos labios sinuosos esperando ser besados. Y pronto los recuerdos  de esas veces donde debió contenerse al mirar a otras pensando en ella se esfumaron. Algo en él se transformó y sin rubor miró lo que muchas veces antes no quiso mirar en otras. La miró  no con la misma pasión de antes sino incluso más. Como un fuego avivado  con tiempo. Con el tiempo de algo o alguien que nos es negado y súbitamente entregado.

 Ahora no solo no aparto la vista de esos senos turgentes. Abrió la blusa y les libero estrechándolos con sus manos. Su otra mano ahora bajaba del pecho al vientre y más abajo hasta sus piernas. Deslizo su mano bajo la falda y se solazo al sentir aquellos muslos torneados, al sentir aquella piel finita, aterciopelada. Recorrió rincones añorados. Como quien entra a lugares prohibidos, olvidados.

 Gobernado por una pasión enardecida  literalmente la montó. Abrió su bragueta y la penetró así tiernamente como sabia que a ella le gustaba al principio. Le beso,  así tiernamente casi rozándola  en los labios como sabia que a ella le gustaba. 

Pronto la ternura se convirtió en un frenesí  y el cuerpo de ella vibraba con cada arremetida.

Si la felicidad ha sido hecha para los hombres, él fue feliz  como el que más. Porque la tenía ahí. No como la última vez donde riñeron, donde ella gritaba y lloraba. No como esa vez  donde ella le dijo que odiaba que la tocara con sus manos!

Ahora ella callaba como esas otras veces cuando en silencio solo gozaba, cuando se convertía en una Venus silente. Ansiosa de dar y recibir placer.

Pero esta vez era diferente, a él no le importo.
La cogió como nadie la había cogido y como nadie más lo haría.
 Solo anhelaba una cosa más. Deseaba como quien anhela un último detalle que convierta un sueño perfecto en realidad. Volver a mirar aquellos hermosos ojos. Con su mano separó sus parpados. Les miró y providencialmente vino un orgasmo casi infinito. Mientras el se reflejaba en las pupilas de ella.

La beso tiernamente, un último beso antes de preparar su cuerpo, y volverla a vestir  ahí en la fría plancha de la funeraria de su padre.