marquezina
14.9.11
5.9.11
LA SOMBRA
LA SOMBRA
Dicen que hablare con los dioses cuando las Tianquiztli lleguen a lo alto del firmamento. *1
¿Importa ya, que aborrezca a esos dioses
ajenos?
Uno de sus sacerdote insiste que cada acto de mi
vida es sagrado. Por que esos actos, son el camino que me ha llevado aquí, esta noche.
Sagrado es mi nacimiento, sagrado es el momento en que elegí ser soldado.
Sagrado es el momento en que mi maza se rompió, permitiendo mi captura. Todos
esos instantes, fragmentos de tiempo son como cuerdas que se unen para formar una más
grande.
Insiste en decirme que cambiaria su vida por
la mía (lo dice en serio). Que la cosa mas insignificante debe nutrir a la más grande para evitar que todo colapse.
Yo con gusto también le daría mi lugar. Que
importa que esta vez no se anude el tiempo como cada 52 años. En un nuevo Xiuhmopilli. *2
Otro sacerdote me ha dado a beber octli para serenar mi corazón. El afirma que mi vida no tiene
sentido. Que si no fuera yo, otro, cualquier otro, cumpliría el rito.
Y que cada
uno de mis actos bien podría borrarse sin alterar mi destino final. Los hombres
somos como pasto para los dioses. Indistinguibles. (lo dice en serio).*3
Yo no pedí esta responsabilidad. Quisiera huir, no de miedo sino ajeno a este momento. Ser
como el gusano que se ve ahí, arrastrándose entre los pliegues de esta gran piramide.
Miro sus
pliegues negros ciñendo aquel verde.Avanza tan lento, como las estrellas de las Tianquiztli. Sin prisa ni pausa. Y por un instante imagino un gusano de colores invertidos. De
piel negra y surcos verdes. Como la noche engullendo a la selva.
Fué entonces cuando les oigo ulular abajo en la plaza. Todo un pueblo mirando al cielo.
Fué entonces cuando les oigo ulular abajo en la plaza. Todo un pueblo mirando al cielo.
Celebrando que Tianquiztli me mira justo desde
arriba. Gritan a su cruento dios, señor del valle de Anahuac quien regirá hasta el próximo
Xiuhmopilli.
Y entonces en
medio de sus estupidos gritos… lo escuche.
Una indescriptible
sensación de sacrilegio me invadió. ¿Qué Dios se anuncio en ese breve momento? ¿Qué misteriosa fuerza me permitió contemplar aquel espejismo? ¿Qué luz? ¿Qué embrujo
se conjugó? Cuando al mirar de nuevo a la oruga. Extraviado en uno de aquellos pliegues negros pude ver aquel pulposo gusano
convertirse en una luciérnaga batiendo sus alas. Y con cada aleteo surgían otras
tantas luciérnagas. Y en un instante contemple ya no una sino todas las luciérnagas
que habrán de vivir en los próximos 52 años.
No se por cuanto tiempo permanecí inmóvil ante ese breve
milagro. Por cuanto tiempo les observe. (Creí que eternamente). Alejándose de ahí siguiendo la ruta de la Tianquiztli.
Antes de perderse en la noche aquella miríada de insectos formaron el pliegue
de un capullo. Proferí un grito de júbilo que los sacerdotes creyeron de miedo. Ajenos a la visión que sólo yo contemple.
-¿Les escuchaste?
Me pregunto uno de ellos.
¡Si!- Atine
a contestar.
Vino el
cuchillo, la tibia mano...
...mire mi
corazón aun latiendo a la luz del fuego nuevo. Juro que por un instante, mi
corazón proyecto la sombra de un gusano.
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*1.
Tianquiztli. Nombre con el que los mexicas conocían al conjunto de estrellas Pléyades.
*2.
Xiuhmopilli. Los mexicas al igual que los mayas contaban con dos calendarios
uno civil de 365 días y otro religioso de 260 que
terminan coincidiendo cada 52 años. A ese periodo de coincidencia se le
llamaba Xiuhmopilli. Durante esta fecha los mexicas celebraban ceremonias
especiales llamadas “Del fuego nuevo”.
*3. Octli. Pulque. La bebida alcohólica que se obtiene de
la fermentación del maguey.
24.8.11
III. LA CONDENA
III.LA CONDENA
Percibirlo. Palparlo. Incluso vibrar aquel descomunal número
de piezas. Cada una de ellas de un tamaño indescriptible a la mente humana. Del
grosor de un pensamiento no revelado.
Fragmentos bajo sus órdenes agrupándose en permutaciones
casi infinitas. Formando átomos, estrellas, universos. ¿Qué pasaría el día que
la eternidad agotara las mezclas posibles?
La idea le abrumó e intento conjurarla en la división de piezas más
pequeñas. Y aún así no bastarían. Y trabajo hasta saberse capaz de crear más
rompecabezas. (Ahora tiene once). Sabe que si bien el número de ubicaciones de
todas las piezas y la combinación de
estas tiene fin. El tiempo las consumirá irremediablemente.
Resignado, comenzó a calcular cual sería la permutación
perfecta. Y en esa nueva tarea dio con otra pequeña trampa que retrasara lo
inevitable. Un día junto tantas piezas como pudo de un rompecabezas y las paso
a otro alterando el número que formaba
cada uno de ellos.
El tiempo tendrá que engullir variantes insospechadas no
importa que también terminen.
Pero en este instante es feliz. Diez rompecabezas se han
terminado y en el onceavo al colocar la ultima pieza. Por un instante su nombre radiante aparece.
Después todo empieza a contraerse. Ya vendrá el Big-Bang que
disperse las piezas.
II. EL CASTIGO
II. EL CASTIGO
¿Cuantas voces sería capaz de percibir su mente en un mismo
instante? Agolpándose una a otra, al punto de ser indistinguibles. Susurrando
plegarias obtusas. Exaltadas de Miedo, amor, esperanza.
Incapaz de ubicarles, de reconocerles entre si. Le buscaban
pidiendo ayuda. A él! Atrofiada toda capacidad de empatía, a fuerza de soledad.
¿Como podría ayudarles?
Acaso la verdadera pregunta, en realidad era: Si pudiese
hacerlo ¿Querría auxiliar a las voces?
Tal vez los sonidos en su mente no eran reales. Pero entonces….
¿Porque le llamaban
por su nombre? (en realidad eran 99 nombres. Los había
contado). Intuyo que los nombres eran falsos. Quizá el mismo había dado los nombres a las voces para que no le perturbaran. Dedujo:" Ninguna de las voces me conoce en realidad. Si supieran mi nombre real entonces y solo
entonces me conocerían de verdad."
Sospecho incluso, que si bien las voces podían existir a fuerza
de no callar jamás. Quizá era él, alguien con 99 nombres quien debía ser irreal. Vislumbró con temor esa extraña probabilidad
donde la única ilusión sería él y no las
voces.
I.EL REO
I.EL REO
“Reo singular.
Que en cada condena
de la sentencia recibe la vindicación de
sus sueños y de si.
¿Qué vale ser
abandonado o recluido, en medio de la nada, para un alma ajena a la otredad?
¿Qué es una
hora, un día, un año, cadena perpetua
para quien contempla el tiempo como una madeja de tiempo? ¿Cuánto dura el
castigo, del idiota incapaz de saberse un reo eterno?
Sentenciado
a realizar la misma tarea en un ciclo perpetuo. ¿Qué fallo condena, al culpable
a ejecutar con frenesí inagotable, la única tarea en la que es un genio?
Pero si es
un inocente ¿quien esta en la celda?”
“De Mystica Hermeticorum”.Roma,1519.p.86.
5.8.11
Tiernamente
TIERNAMENTE
¿Importan los nombres propios, cuando la historia (de amor y separación) se ha repetido miles de veces?
Le amaba, y en una de esas azarosas coincidencias del amor ella le amaba a él. Y sin embargo ese tipo de amor esta condenado. Porque las grandes pasiones están destinadas a consumirse pronto. Sin importar su pureza o quizá a causa de ella.
Solo varía el motivo. Fué dinero y otra cosa. Él debía hacerse cargo del trabajo de su padre. Justo ahora en que el trabajo parecía multiplicarse. Y más manos debían estar listas para atender la demanda de aquel sórdido negocio.
Las mismas manos que ahora, a ella le empezaron a parecer repugnantes, el solo sentirlas sobre su cuerpo la estremecía. Pero ya no como antes, no de maneras que antes le daban gozo. Ahora le daban repulsión e incluso miedo. A veces creía oler en él, aquel fétido olor en todo su cuerpo y cuando él le tocaba sentía su propio cuerpo impregnándose de la misma esencia.
La discusión no tardo. Él ofreció dejarlo todo, sabiendo que quizá no lo podría hacer y ella se rehúso. Con la certeza de que él no lo haría.
Fue la última ocasión que hablaron. ¿Qué hicieron con un sentimiento que lo abarcaba todo, o casi todo?
Con el paso del tiempo el se concentró en su trabajo, pronto el dinero no fue un problema, se imaginaba juntando suficiente para dedicarse a otra cosa y poder regresar con ella. No pocas veces tuvo ensoñaciones donde volvían a estar juntos, donde hacían las cosas que hacían antes, donde regresaban a los lugares que fueron juntos.
Pero en aquel tipo de trabajo conoces a mucha gente, de todo tipo, la mayoría eran personas de su misma edad.
No pocas veces se sintió incomodó cuando en medio de su trabajo alguna mujer le parecía atractiva, cuando no podía evitar mirar sus senos asomándose entre la blusa. Se sentía incomodo al mirar a través de
los pliegues de la faldas. Cuando eso sucedía, rápidamente cerraba sus ojos, los abría y se hacia a la idea de que debía concentrarse en su trabajo. A veces eso no le bastaba para vencer la tentación y cuando eso ocurría. Solo tenía que recordarla. Recordarla a ella y su amor.
los pliegues de la faldas. Cuando eso sucedía, rápidamente cerraba sus ojos, los abría y se hacia a la idea de que debía concentrarse en su trabajo. A veces eso no le bastaba para vencer la tentación y cuando eso ocurría. Solo tenía que recordarla. Recordarla a ella y su amor.
Alguna fuerza superior debió compadecerle, a el y su soledad. Y quiso el destino que ella regresara.
¿Qué Dios misericordioso la había hecho volver?
Lloro al verla recostada con su pelo negro lustroso, y sus hermosas facciones. Lloro al mirar de nuevo aquellos labios sinuosos esperando ser besados. Y pronto los recuerdos de esas veces donde debió contenerse al mirar a otras pensando en ella se esfumaron. Algo en él se transformó y sin rubor miró lo que muchas veces antes no quiso mirar en otras. La miró no con la misma pasión de antes sino incluso más. Como un fuego avivado con tiempo. Con el tiempo de algo o alguien que nos es negado y súbitamente entregado.
Lloro al verla recostada con su pelo negro lustroso, y sus hermosas facciones. Lloro al mirar de nuevo aquellos labios sinuosos esperando ser besados. Y pronto los recuerdos de esas veces donde debió contenerse al mirar a otras pensando en ella se esfumaron. Algo en él se transformó y sin rubor miró lo que muchas veces antes no quiso mirar en otras. La miró no con la misma pasión de antes sino incluso más. Como un fuego avivado con tiempo. Con el tiempo de algo o alguien que nos es negado y súbitamente entregado.
Ahora no solo no aparto la vista de esos senos turgentes. Abrió la blusa y les libero estrechándolos con sus manos. Su otra mano ahora bajaba del pecho al vientre y más abajo hasta sus piernas. Deslizo su mano bajo la falda y se solazo al sentir aquellos muslos torneados, al sentir aquella piel finita, aterciopelada. Recorrió rincones añorados. Como quien entra a lugares prohibidos, olvidados.
Gobernado por una pasión enardecida literalmente la montó. Abrió su bragueta y la penetró así tiernamente como sabia que a ella le gustaba al principio. Le beso, así tiernamente casi rozándola en los labios como sabia que a ella le gustaba.
Pronto la ternura se convirtió en un frenesí y el cuerpo de ella vibraba con cada arremetida.
Si la felicidad ha sido hecha para los hombres, él fue feliz como el que más. Porque la tenía ahí. No como la última vez donde riñeron, donde ella gritaba y lloraba. No como esa vez donde ella le dijo que odiaba que la tocara con sus manos!
Ahora ella callaba como esas otras veces cuando en silencio solo gozaba, cuando se convertía en una Venus silente. Ansiosa de dar y recibir placer.
Pero esta vez era diferente, a él no le importo.
La cogió como nadie la había cogido y como nadie más lo haría.
Solo anhelaba una cosa más. Deseaba como quien anhela un último detalle que convierta un sueño perfecto en realidad. Volver a mirar aquellos hermosos ojos. Con su mano separó sus parpados. Les miró y providencialmente vino un orgasmo casi infinito. Mientras el se reflejaba en las pupilas de ella.
La cogió como nadie la había cogido y como nadie más lo haría.
Solo anhelaba una cosa más. Deseaba como quien anhela un último detalle que convierta un sueño perfecto en realidad. Volver a mirar aquellos hermosos ojos. Con su mano separó sus parpados. Les miró y providencialmente vino un orgasmo casi infinito. Mientras el se reflejaba en las pupilas de ella.
La beso tiernamente, un último beso antes de preparar su cuerpo, y volverla a vestir ahí en la fría plancha de la funeraria de su padre.
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